Trabajos de los alumnos

Dada la calidad de los trabajos que los alumnos presentan durante la cursada o en el examen final, consideramos nuestra obligación el brindarles un espacio donde puedan publicarlos. Es así como esta sección está reservada exclusivamente para ellos.
El orden en el que están expuestos son únicamente por llegada.


Luciano Luchelli

Ilustraciones en base a las epifanías del dios Dioniso. Los relatos acerca de sus manifestaciones están marcados no sólo por enfrentamientos que van desde el desprecio hasta el rechazo del dios, sino también por la personalidad vengativa y violenta de Dioniso.

La epifanía Tebana finaliza con la destrucción de su rey Penteo a manos de su propia madre.

Liberación de los límites del yo. Abandono de las formas por parte de las bacantes que se fusionan con el dios. El fluir vital y la naturaleza del dios es coronada con la muerte a manos de
Ágave.
Las Miníades se niegan a reconocer la naturaleza divina de Dioniso y permanecen en sus casas hilando y tejiendo. Destrucción del telar que simboliza la labor doméstica y femenina. El telar comienza a exudar leche y néctar. Manifestación del dios que empuja a las Miníades a sortear

cuál de sus hijos saciará su deseo de carne humana.


Laura Herrera

Las fotos que se encuentran más abajo pertenecen al trabajo de Laura Herrera (2004) sobre el personaje de Electra en las versiones clásicas y modernas. El tema es los posibles vestuarios para cada una de las puestas. Tanto los diseños como las fotos y los textos son de su autoría.



























Lucas Martín Shannon

Una mirada maquiavélica sobre Ricardo III

Ricardo III de William Shakespeare se desarrolla en los últimos años de la Guerra de las Dos Rosas, cuando la casa York consigue la victoria, obteniendo la corona sobre la casa Lancaster. En el reinado de Eduardo IV se viven tiempos de festejos, tranquilidad, donde la gente concurre a fiestas, baila, disfruta del tiempo de ocio. Son momentos en donde los hombres cortejan a las mujeres, disfrutan del amor en una monarquía donde se vive y siente una futura prosperidad. Todos celebran salvo un personaje, Ricardo, Duque de Gloster, quien desde el principio dice “no he sido formado para estos traviesos deportes ni para cortejar una amoroso espejo”. En este drama histórico, Ricardo, hermano del rey de Inglaterra, se dirige al público, diciéndole como va a actuar, las maldades que tiene preparadas y las conjuras futuras contra los herederos del trono que le preceden. Es evidente que Shakespeare tenía pleno conocimiento de los principios que plantea Nicolás Maquiavelo en su libro El Príncipe. Este libro, escrito treinta años después del fin de la Guerra civil de Inglaterra y ochenta años antes de que apareciera en los teatros Ricardo III, habla de las reglas del juego político, cómo debe hacer un hombre para llegar al poder y qué reglas debe respetar para mantenerlo. Muchos de estos principios se suelen considerar amorales y perversos, pero esto encaja perfectamente en el mundo que nos muestra Shakespeare, un mundo en que todos son culpables de algún crimen, y ninguno tiene remordimiento o conciencia. (Excepto un asesino y Ricardo que, aunque alejados en la pirámide jerárquica del poder, están en el mismo nivel ético). Un mundo donde un rey no es designado por derecho divino, sino que llega a serlo por ser un gran estratega. Shakespeare juega con esos principios, mostrándonos cuales han sido respetados y aplicados por Ricardo ayudándolo a llegar al poder, y cuales han sido quebrados, no permitiendo a Ricardo mantener dicho poder.


Reglas para ganar y mantener el poder
Maquiavelo afirma en su obra que la llegada al poder se puede dar a través de una de las siguientes cualidades de un príncipe: Virtud, Fortuna o Astucia. Ricardo III llega al poder a través de crímenes, engaños y mentiras. Para llegar al poder no necesita de la virtud (persona innovadora, respetada, que ha hecho acciones nobles) ni siquiera de la fortuna (poder de adquisición de hombres por dinero), sino de la astucia. Ha ido eliminando a cada persona, hombre o mujer, que atentaba contra su llegada al poder. Pero en el momento de adquirir la corona es a través de una campaña política que lidera Buckingham, mostrando a Ricardo como un salvador ante el pueblo. Igualmente no hay mucha participación del pueblo en la tragedia, ya que Shakespeare parece mostrar que el poder no pasaba por el pueblo, ya que éste es ignorante y fácil de manipular, sino por la posesión de un corazón frío y un gran manejo de las reglas del juego ”Un príncipe prudente debe imaginar un modo para que sus ciudadanos, siempre y aun en los momentos especiales, tengan necesidad de él y del estado: así ellos siempre serán fieles”. A través de la campaña política dirigida por Buckingham, Ricardo crea la necesidad de un salvador para el futuro de Inglaterra. Genera miedo en el pueblo, y cuando el pueblo tiene miedo se transforma automáticamente en una necesidad. Esto es creado a través de las palabras de Buckingham, quien expresa que Eduardo, hijo de Eduardo IV, jamás será rey, sino que cualquier otro estará en el trono porque el rey es todavía un niño, y será para desgracia y ruina de la casa York. ”Un príncipe debe desear que se lo considere clemente y no cruel, sin embargo debe prevenir el mal uso de esa clemencia. Lo ideal es ser amado y temido, pero si hay que elegir entre los dos, es mejor ser temido”. Shakespeare reforzó la malformación en el cuerpo de Ricardo para representar la crueldad de la mente de éste. Ricardo va a ser temido, pero nunca amado, ya que, como expresa Jan Kott, un hombre al acercarse al poder pierde todas las cualidades que alguna vez lo mostraron como noble e incorruptible. Esta idea nos trata de mostrar que debido al camino que debió atravesar un rey para llegar al poder, donde sus crímenes y traiciones lo han corrompido, se ha hecho odioso ante las personas que lo rodean. Esta reflexión se interpreta perfectamente en Ricardo III (Richard Loncraine, 1995), una película en donde la última toma muestra a Richmond, el nuevo rey, sonriendo en un primer plano malignamente a la cámara, hacia nosotros, con el rostro de un futuro rey perverso. Shakespeare quería decir esto: cuando un rey le pasa el cetro al siguiente, éste obtiene el poder, y a su vez la inevitable corrupción. ”Un príncipe debe cuidar que nunca salga de su boca algo que no esté lleno de las siguientes cualidades: Clemente, fiel, humano, íntegro y religioso”. A lo largo del drama Ricardo respeta esta forma de hablar. Siempre con una aparente verdad y honestidad, escondiendo sus intenciones macabras y su falta de moral. Hay tres ejemplos representativos de esta idea: cuando corteja a Ana, cuando se presenta ante el pueblo y cuando le pide a Isabel la mano de su hija. El discurso manipulador, disfrazado de esas cinco cualidades, permite a Ricardo a conseguir lo que se propone, mientras va haciendo al espectador cómplice de sus intenciones, ya que este discurso lo utiliza con todos, excepto con sus aliados y el público. Ricardo respeta los principios ya nombrados, y a través de éstos llega al poder. Hasta cierto punto Ricardo parece tener pleno control de sus acciones y de su entorno. Aunque amargado y alejado de los demás personajes, habla con el público y deja ver sus verdaderas intenciones y planes para generar
discordia entre la familia. Ricardo tiene mayor relación con el público que con los personajes de la obra, al menos al principio de ésta. Más tarde los planes de Ricardo comenzarán a revelarse a los demás y empezará a hundirse. Cuando la trama se torna más complicada hay más personajes en escena (nobles, asesinos, familia), el discurso del Ricardo cambia. Nos dejará de ofrecer sus monólogos, se olvidará del público, porque comenzará a cambiar su forma de pensar, de operar, de conseguir lo que se propone. Dejará de usar su poder para manipular y engañar, y comenzará a obtener lo que quiere mediante muertes crueles y acciones que no hacen más que alejarlo de las personas que lo rodean, haciéndolo más odioso. El punto culminante será cuando ofenda a Buckingham, su más fiel aliado, su mano derecha, la persona que lo había ayudado a llegar al poder. En este momento Ricardo comenzará a descuidarse, a sufrir el fatal destino del que habla Jan Kott. Quebrará algunos principios básicos que plantea Maquiavelo, y a través del quiebre de éstos, comenzará a sucumbir.

Quiebre de las reglas: pérdida del poder y de la vida del príncipe
”Existen dos modelos de Gobierno: el de Príncipes y Servidores y el de Príncipes y Nobles”. En un reino de príncipes y servidores el rey es la figura máxima, el mayor poder, casi un poder totalitario. En cambio, en los reinados donde hay Nobles, éstos adquieren dinero, tierras y poder de forma hereditaria, y el Rey debe tenerlos en cuenta y respetarlos. Ricardo ofende a los Nobles y pierde su apoyo, su reinado se convierte en un reinado de príncipes y servidores, donde el rey tiene el máximo poder. Estos reinados son difíciles de vencer en la batalla, pero una vez vencidos, cuando ya no puede rehacerse su ejército, sólo se debería temer a la familia del Rey. En la casa de York no queda ningún heredero, ningún defensor del trono, porque son eliminados por el mismo Ricardo, y los que sobreviven no apoyan al rey, por lo cual el trono está perdido. ”No es posible llamar virtud al exterminio de sus conciudadanos, a la traición a los amigos, al hecho de carecer de fe, de piedad, de religión: estos medios pueden llegar a la conquista de poder, pero no de la gloria”. Esta premisa la responde Jan Kott al hablar del Gran Mecanismo, y como ésta representa la conquista del poder. A través de esta idea explica que la ascensión del futuro rey está dada a partir de una gran escalera en donde cada paso en cada escalón está marcado por un asesinato, mentira o traición. Cuando se llega arriba sólo queda caer al abismo. ”Un príncipe no debe cometer grave injuria de quienes se sirve y tiene alrededor suyo a su servicio”. El quiebre de esta premisa es una parte esencial en el drama shakespeareano. Valerse de métodos no éticos para alcanzar el poder puede resultar eficaz, pero implica costos y compromisos que, una vez alcanzado éste, son difíciles de eludir. Ricardo pone a prueba a Buckingham, busca hasta donde puede llegar y encuentra su límite. Lo ofende, lo desprecia, lo elude para no cumplir con su promesa de entregarle tierras y riquezas a cabo de sus favores. Ésta es una de las razones de su muerte, el hecho de maltratar a su mano derecha, quien lo ayudara a llegar al trono, quien supo todos sus planes, guardándolos con secreto y fidelidad. Aquí vale otra premisa de Maquiavelo: “Al fin de conservar honesto a su ministro, debe pensar en él, honrándolo y enriqueciéndolo, vinculando a su persona y haciéndolo participar de honores y cargos”. Sabemos que Buckingham no protege y asesora a Ricardo por amor al rey, sino por intereses propios, pero si tan sólo hubiese sido honrado por el rey, habría estado en una posición de dependencia, una persona que sabe que bajo el ala del rey está protegida, asegurado en tierras y riquezas; pero Shakespeare muestra como la codicia y la progresiva locura pueden llegar a cegar la razón y corromper a un hombre. También ofende a otros allegados suyos, como Lord Stanley al encerrar a su hijo en un calabozo por miedo a que lo traicione en batalla. De esta forma se va convirtiendo en un hombre solo en su trono, incapaz de confiar en nadie, insaciable; la avaricia y la codicia del poder lo han corrompido. ”Los hombres aman según su voluntad y temen según la voluntad del príncipe. El príncipe debe apoyarse en lo que debe controlar. Debe ser temido pero no odiado”. El quiebre de esta condición es la principal razón de la caída de Ricardo. Él es temido y odiado por su familia, los nobles y los enemigos de la casa Lancaster.
Este odio genera dos cosas: alejamiento de sus nobles y la aparición de los espíritus de la gente que asesinó, en su sueño, deseándole que desespere y muera en batalla. La única persona que faltaba odiarlo para que finalmente sucumba era el mismo Ricardo. Al despertarse de su sueño, aturdido y temeroso, se da cuenta de que se odia a sí mismo: “¡Más bien debía odiarme por las infames acciones que he cometido! ¡Soy miserable!”. Más adelante, tratando de tranquilizarse, se encuentra con la cruda verdad: “¡No hay criatura humana que me ame! ¡Y si muero, ningún alma tendrá piedad de mí? ¿Y porque había de tenerla?”. La batalla de Bosworth es como un sueño, la muerte concreta y física de Ricardo pasa rápidamente. Shakespeare no se detuvo mucho en la batalla porque nos quería mostrar que Ricardo muere antes de ésta, en su sueño. Cuando Ricardo es consciente de sus actos y se siente acosado por el remordimiento, muere porque sabe que una persona como él no puede continuar viviendo. Ocurre lo que finalmente anunciaron los espíritus: Ricardo desespera y muere. Finalmente vemos que para Ricardo era imposible haber mantenido el poder. Una razón es el hecho del Gran Mecanismo, que menciona Jan Kott, figura que explica que finalmente todos los reyes se corrompen y son odiados, siempre va a haber un joven príncipe que lo destrone. Vemos un gran sentido trágico, una historia que no tiene sentido, es cíclica, inmóvil, más allá de todo esfuerzo humano. Jan Kott
compara este sentido trágico con la búsqueda de un topo excavando la tierra para llegar al sol, al cual nunca va a llegar. Fue el quiebre de estos principios maquiavélicos lo que no le permitió mantener el poder que había conseguido. Es evidente la falta de remordimiento y conciencia en el mundo que nos muestra Shakespeare, donde los hombres son arcilla y se los puede moldear a través de una práctica pura y fría del poder político. Opera la ley del más fuerte. El camino al poder exige la eliminación de muchas víctimas. Los valores humanos son quebradizos, frágiles. Finalmente cada personaje se convierte en parte de un engranaje que termina por absorberlo.

Bibliografía consultada:
-Sarti, Graciela C., “Ricardo III, la tragedia en la historia y en el cine”, en La Literatura en el teatro y en el cine, María Elena Babino compiladora, Buenos Aires, Ediciones FADU, 2002.
-Maquiavelo, Nicolás, El Príncipe, Barcelona, Losada Océano, 2003.
-Kott, Jan, Apuntes sobre Shakespeare, Barcelona, Seix Barral, 1969.
-Sarti, Graciela, “Encontrar a Shakespeare. Reflexiones sobre Buscando a Ricardo III de Al Pacino”, en Itinerarios I, Revista de Literatura y Artes, Buenos Aires, EUDEBA, 1998
-Shakespeare, William, Ricardo III, Barcelona, Andrés Bello, 1999